En pocos lugares como en India, la presencia humana resulta tan indispensable para apreciar el encanto de un país en toda su dimensión. Tal vez sea ésta su verdadera esencia y lo que define su incompresible atractivo, los millones de indios que abarrotan las calles, los mercados y los templos, que desbordan los trenes, los autobuses y hasta las carreteras en su incansable ir y venir de un lugar a otro.
Y sus rostros, tan parecidos y tan diferentes, expresan respeto, humildad, gratitud, pero sobre todo paciencia, que en algunos llega a ser una resignación que transforma la mirada, revelando miseria y abandono sin atisbo de esperanza.





































